MEMÉTICA E HISTORIA
Los hombres se equivocan, en cuanto que piensan que son libres; y esta opinión sólo consiste en que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas por las que son determinados. Su idea de la libertad es, pues, ésta: que no conocen causa alguna de sus acciones.
En 1976 Richard Dawkins, etólogo de la Universidad de Oxford, dedicaba un breve capítulo de su obra El gen egoísta a un nuevo concepto ideado por él: el “meme”. Según Dawkins, un meme es un módulo de información contagioso que infecta y parasita la mente humana, donde se replica y altera su comportamiento, provocando la propagación de su patrón. El control del fuego en las sociedades prehistóricas, la práctica de las diferentes religiones, la animadversión contra el mundo musulmán, las revoluciones del proletariado, caeteris paribus, tienen su origen en la transmisión de memes. La memética, por tanto, sería la ciencia que estudia los memes y sus efectos sociales, y ya empiezan a surgir trabajos de su aplicación a la biología evolutiva (Dawkins y Blackmore), a la filosofía de la mente (Daniel Dennett), a las ciencias sociales (Francis Heylighten), a la neurología (Delius), etcétera. Aun a riesgo de resultar pretencioso, el presente artículo inicia la aplicación de la ciencia memética al estudio de la Historia.
El ser humano evoluciona, tal y como indica Susan Blackmore, bajo la acción de dos replicadores, los genes y los memes. En eso nos distinguimos de los millones de especies que pueblan el planeta, y por eso sólo el ser humano puede ser objeto de estudio histórico. Este estudio de la Historia ha sido llevado a cabo principalmente por cuatro escuelas historiográficas: la “annaliste”, la marxista, la estructural-cuantitativista y la actual escuela posmodernista. Dentro de esta última es donde se podría encuadrar el enfoque memético para el estudio de la historia, ya que guarda una estrecha relación con sus métodos, especialmente los de “Historia de los conceptos” e “Historia del tiempo presente”[9].
En las siguientes líneas nos proponemos esbozar unas reglas básicas, que deberán ser más elaboradas en el futuro, de lo que constituirá la aplicación de la ciencia memética al estudio de la Historia. Dividiremos la exposición en dos aspectos: el teórico (constituido por el punto de vista filosófico y el metodológico) y el práctico.
1. La teoría de la historia intenta reflexionar sobre el trabajo del historiador, sobre su actividad y sobre su profesión. De forma más concreta, la teoría de la metodología intenta estudiar y analizar los métodos y técnicas de trabajo de forma abstracta. La metodología de la ciencia memética para el estudio de la historia se debe centrar en los tres elementos claves que explican la propagación de los memes: longevidad, fecundidad y fidelidad[10].
La longevidad hace alusión al tiempo de permanencia de un “meme” en el cerebro de una persona. Esta permanencia puede ser efímera, media o existencial.
En la sociedad contemporánea de la información hay una enorme cantidad de memes que intentan “invadir” mentes uno tras otro. El meme que invita a votar al político X es inmediatamente sustituido a golpe de mando de televisor por el que invita a votar al político Y. Los mass media, debido al exceso de información (lo cual facilita el olvido de la precedente[11]), y a la diversidad de la misma (permitiendo la convivencia de memes incompatibles entre sí, “matándose” unos a otros para “parasitar” el cerebro) provocan que los memes tengan una duración efímera. Cuanto más dure el meme mayor será su incidencia en el comportamiento de la persona, y por ende en el discurrir de la Historia[12].
Un ejemplo de existencia media de un meme explica el cambio de la mentalidad española en los años de la transición a la democracia. Personas “invadidas” con el meme del respeto por las instituciones del régimen franquista evolucionaron hacia una posición de respeto por la Constitución de 1978 en un lapso de duración, así denominada, media.
El apego a los miembros de la familia o la práctica de una determinada religión son conducidos por memes de una duración existencial en la persona, ya que, a la luz de la teoría memética,“parasitan” la mente a lo largo de toda la vida del individuo.
En segundo lugar, hay que analizar la fecundidad. Ésta es más importante que la longevidad, ya que alude a las tasas con que un meme se transmite de un cerebro a otro; puede morir la persona, pero el meme que ya ha fecundado a otras sigue existiendo. La fecundidad depende del medio ambiente en que se desenvuelven los memes; en un ambiente de desempleo las tasas de fecundidad de memes racistas serán mucho más elevadas que en ambientes de pleno empleo. Igualmente, el repentino cambio de la mentalidad de los estadounidenses cuando Japón invadió Pearl Harbor se dio por una alta tasa de fecundidad que se explica, como indica Jacques Monod, de este modo: “la idea que confiera al grupo humano que la hace suya, más cohesión, ambición, confianza en sí, le dará de hecho un aumento de poder de expansión que asegurará la expansión de la misma idea. Este valor de promoción no tiene necesariamente relación con la parte de verdad objetiva que la idea pueda comportar”. Además, los medios de comunicación de masas, auténticas fuentes de memes con enorme valor de fecundidad, ordenan la integración social de la conciencia conformando los caminos por los que ha de discurrir la Historia.
En tercer lugar, habría que tener en cuenta la fidelidad. Los memes a veces sufren pequeñas mutaciones cuando se transmiten, son poco fieles al meme original y por tanto se convierten en memes mutados, es decir, en nuevos memes. Un buen meme es aquel que se transmite fiel a sí mismo, que comunica la totalidad de su información al huesped. Dice Lynch que “la memética busca explicar la forma y predominio de las creencias actuales y cómo estas pueden cambiar en el futuro”. Atendiendo a los condicionantes de la variabilidad memética y sus tasas de fidelidad, es posible entrever el futuro y explicar muchos acontecimientos del pasado. Por ejemplo, la reforma protestante se explica por el predominio en esa época de memes con escasa fidelidad al meme del catolicismo; estudiando esos memes y sus similitudes con otros que puedan existir en la actualidad, podría ser posible conocer las posibilidades de una nueva escisión religiosa en el futuro.
El segundo apartado del análisis teórico lo constituye el punto de vista filosófico. La reflexión filosófica intenta plantear cuestiones acerca del sentido, la finalidad de la historia o su función social. Ante este planteamiento, la ciencia memética indica que los seres humanos son “máquinas” de supervivencia de los genes y de los memes. Cuanto más capacitada esté una sociedad en mantener determinados memes, más proliferarán éstos y la historia discurrirá por los caminos que marquen los “contagios de pensamiento”.
Los historiadores contemporáneos estudian cada vez más cómo surgen grandes tendencias a partir de millones de “personas corrientes” y “pequeños acontecimientos” de la historia, dejando para los biógrafos la historia de los grandes hombres. Parece claro que una creencia se expande primero y gana partidarios de renombre más tarde. No es que Felipe II apoye la Inquisición, sino que la idea de quemar “infieles” se expande por la sociedad por “excitaciones cinéticas colectivas” mucho antes de su institucionalización por el rey. Los memes invaden antes a las masas, aunque luego los episodios de relevancia histórica son catalizados por figuras con dominio económico, social o cultural. Del mismo modo, antes de una guerra ya imperan ciertos memes en el contexto donde se va a llevar a cabo; y es que la guerra, según Wilson, “surge a la vez de los genes y de la cultura, y que la mejor manera de evitarla es un conocimiento cabal de la manera en que estos dos modos de herencia interactúan dentro de los distintos contextos históricos”.
Obviamente la problemática estriba en conocer los memes imperantes en unas coordenadas espacio-temporales. Dice Dilthey que “los hechos que forman los sistemas de cultura sólo pueden estudiarse por medio de los hechos que conoce el análisis psicológico”. En esto discrepamos con él, porque para sacar a relucir los memes dominantes en un período histórico la ciencia memética tiene vocación interdisciplinar y reclama la sinergia de la psicología, la ciencia histórica per se, las neurociencias, la inteligencia artificial y la matemática con el fin de pensar la historia de forma holística y de este modo aproximarse más a la verdad de los acontecimientos del mundo exterior.
2. Una vez esbozado el nivel teórico de la aplicación de la ciencia memética al estudio de la historia, iniciaremos, a modo de ejemplo, lo que podría constituir un trabajo histórico desde esta nueva perspectiva. Para ello nos serviremos de las semejanzas que Samuel Huntingtonencuentra entre el resurgimiento islámico contemporáneo y el inicio del protestantismo en el siglo XVI:
-Son reacciones frente al estancamiento y la corrupción de las instituciones existentes.
-Abogan por una vuelta a una forma de su religión más pura y exigente.
-Predican el trabajo, el orden y la disciplina.
-Apelan a la dinámica y emergente gente de clase media.
-Hay dos corrientes principales en cada una: luteranismo/calvinismo y fundamentalismo chiíta/sunnita.
Denominaremos a cada una de estas características “memes”. El estudio detallado de la preeminencia de estos memes en un momento histórico determinado puede explicar el surgimiento de ciertas instituciones y, en cierta medida, aventurar el futuro, o como indica Hempel, realizar “retrodicciones” de lo que pudo haber sido el pasado.
Para descubrir la existencia de los memes en distintas épocas de la historia habría que acudir fundamentalmente a los textos escritos ya que es allí donde más claramente aparecen expresados esos memes y donde con más facilidad se puede analizar su fecundidad, fidelidad y longevidad. De todas formas, memes como “hay-que-tener-una-familia-numerosa”, “hay-que-trabajar-duro” o “hay-que-ir-a-la-guerra” se pueden detectar analizando los restos arqueológicos de las ciudades, atendiendo, grosso modo y respectivamente, a la amplitud de los hogares, al número de plantaciones o de negocios artesanales y a los restos de armamento.
Cuando en las fuentes se detectan reiteradamente los memes “hay-que ser-más disciplinado”, “hay-que-luchar-contra-la-corrupción-con-todos-los-medios”, “hay-que-ser-más-exigente-con-nuestra-religión”, etcétera, se puede inferir que antes o después surgirá un proceso similar al del protestantismo o al del resurgimiento islámico.
Los memes son los que conforman las leyes de la historia. Estas leyes son raramente explicitadas, aunque, a veces, inesperadamente, es posible leerlas:
“A medida que las actividades del gobierno se extienden, mayor cantidad de personas desarrollan un interés profesional en la continuación y expansión de las funciones gubernamentales.
- La gente que tiene cierto trabajo no quiere perderlo.
- Los que se han acostumbrado a ciertas habilidades no reciben bien los cambios.
- Quienes se han habituado a cierto tipo de poder no desean abandonar su control”.
No es que las necesidades de supervivencia hagan que la gente se apegue al puesto, sino que ese apego viene determinado por memes que son puestos en circulación por las actividades del gobierno. No es que no quieran cambiar sus habilidades por simple adocenamiento, dejadez u holgazanería, sino por el dominio en la sociedad de memes como “hay-que-ser-sumiso” y “hay-que-ser-conformista”. No es que el ejercicio del poder provoque dependencia, sino que los poderosos son domeñados por el meme “buscar-la-manera-de-que-los-ciudadanos-siempre-me-necesiten-a-mí-y-al-estado”.
A modo de conclusión, la ciencia memética guarda ciertas similitudes con el mundo 3 de Popper y, por tanto, como el propio filósofo austríaco decía de su mundo[25], con el mundo de las ideas de Platón, con el espíritu objetivo de Hegel, con las “proposiciones en sí” de Bolzano y con el logicismo de Frege. Aún no presenta una normativa estricta de su método aunque para que una teoría, dice Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, “sea aceptada como paradigma debe parecer mejor que sus competidoras pero no necesita explicar y, en efecto, nunca lo hace, todos los hechos que se puedan confrontar con ella” . La recién nacida ciencia de la memética está en disposición de iniciar una revolución científica en diversos campos del conocimiento, entre ellos en la ciencia histórica. Eso sí, queda un enorme trabajo por delante.
¿Podrá constituirse como ciencia? Daniel Dennett dice que “es concebible (...) que algún día se descubra una identidad impresionante entre las estructuras cerebrales que almacenan la misma información, permitiéndonos identificar sintácticamente los memes”. Por el contrario, Popper puso de manifiesto las enomes dificultades que el método empírico-lógico tiene al enfrentarse con la Historia, y Carl Jung admite que “lo inconsciente suele manifestar una inteligencia y una finalidad superiores a la comprensión consciente de que somos actualmente capaces”. Aunque la ciencia memética se presta con frecuencia a la especulación, su método, como ciencia que intenta ser, será empírico.
Así como la Teoría de la evolución no puede incorporar la totalidad de la historia biológica, la Teoría memética no puede incorporar la totalidad de la historia humana. Pero desde este paradigma se pueden explicar muchos acontecimientos que atañen al ser humano en su transcurrir por el mundo.
Ha presidido nuestro artículo una cita de Spinoza sobre la libertad. Nuestra intención es abrir un camino que deje de soslayar las leyes que imperan sobre nosotros (tanto físicas como espirituales), para conocernos mejor y, perdón por el oxímoron, sentirnos más libres, pues saberse preso, en cierta forma, es todo un síntoma de libertad en nuestro discurrir por la Historia.
BIBLIOGRAFÍA
Aróstegui, Julio, La investigación histórica: teoría y método, Crítica, Barcelona, 2001
Blackmore, Susan, “El poder de los memes”, Investigación y ciencia, diciembre, 2000 (ed. ingl. Scientific American, octubre 2000).
Dawkins, Richard, El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta, trad. Juana Robles Suárez y José Tola Alonso, Salvat, Barcelona, 1993.
Dennett, Daniel C., La peligrosa idea de Darwin, trad. Cristobal Pera Blanco-Morales, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999.
Dilthey, Wilhem, Introducción a las ciencias del espíritu, trad. Julián Marías, Alianza, Madrid, 1980.
Hempel, La explicación científica, trad. Nestor Míguez et al., Paidós, Barcelona, 1988.
Huntington, Samuel, El choque de civilizaciones, trad. José Pedro Tosaus Abadía Paidós, Barcelona, 2001.
Jung, Carl, Psicología y religión, trad. T.M. de Brugger, Paidós, Barcelona, 1991.
Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, trad. Agustín Contín, Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1990.
Lynch, Aaron, Thought Contagion, Basic Books, New York, 1996.
Maquiavelo, El príncipe, trad. Eli Leonetti Jungl, Espasa-Calpe, Madrid, 1993.
Ortega y Gasset, José, Una interpretación de la historia universal, Revista de Occidente, Madrid, 1966.
Popper, Karl, La miseria del historicismo, trad. Pedro Schwartz, Alianza, Madrid, 1983.
Conocimiento objetivo, trad. Carlos Solís Santos, Tecnos, Madrid, 1992.
Sloterdijk, El desprecio de las masas, trad. Germán Cano, Pre-Textos, Valencia, 2002.
Spinoza, Ética demostrada según el orden geométrico, trad y ed. Atilano Domínguez, Trotta, Madrid, 2000.
Wilson, Edward O., Consilience. La unidad del conocimiento, trad. Joandomènec Ros, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 1999.
Articulo tomado de la pagina: http://www.rafaelrobles.com/misescritos/memeticaehistoria.htm
Categorias
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Richard Dawkins y los Memes
Richard Dawkins y el Gen egoista
"El hombre es una máquina de sobrevivir"
Nació en África Central hace 55 años, llegó a Oxford en 1959 para estudiar biología y se convirtió en discípulo predilecto del Nobel Niko Tinbergen. Tras un breve paso por Berkeley, retornó al New College de Oxford, donde investiga hoy. Es uno de los más fieles defensores del darwinismo.
No se le puede negar un estilazo en la provocación: “El hombre es una máquina de sobrevivir, un vehículo autómata programado a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes”. Cuando Richard Dawkins, hasta entonces un desconocido biólogo de Oxford, expresó esa idea tan crudamente, se levantaron ampollas entre los científicos y, sobre todo, entre los teólogos británicos. Lo decía en su primer libro, El gen egoísta, de 1976 (Labor, 1979), pero desde entonces no ha dejado de generar ideas “irritantemente persuasivas”, como dijo un periodista norteamericano, chocantes o sorprendentes.
¿Manipulan los genes el mundo? Todo lo que concierne a los seres vivos, desde la forma de andar hasta el más complicado aparejo tecnológico, ha sido creado por los genes, y su preservación es la única razón de nuestra existencia. Ellos nos diseñaron para sobrevivir mejor en el mundo exterior. Quien no tiemble ante esta idea chocante, casi de ciencia-ficción, es que no tiene corazón, y Dawkins, con su mirada tímida y su sonrisa traviesa, sabe cómo lanzar la frase precisa para provocar la sorpresa, la indignación o la más apasionada de las defensas.
La idea del gen egoísta, capaz de utilizar en ocasiones el altruismo de algunos seres –como los humanos– en beneficio propio, encuentra su remate en una nueva expresión viva no basada en la química, sino en la información. Dawkins la ha llamado meme. Se trata de “entidades autorreplicantes y competitivas”, al igual que los genes. Nacieron con la inteligencia y aún no está muy claro su papel en la evolución. “Somos construidos –dice Dawkins– como máquinas de genes y educados como máquinas de memes.” Las ideas de Dios, de la vida más allá de la muerte, de los derechos humanos o del darwinismo no son más que memes que triunfaron, paradigmas intelectuales que se fajan en dura competencia con otros.
Según Dawkins, posiblemente se esté generando un nuevo tipo de sustitución genética propiciado por el ambiente cultural. Ya no se basa en el ADN, sino en patrones de información que crecen sólo en los cerebros o en los productos fabricados artificialmente por ellos, como libros u ordenadores. “Estos nuevos duplicadores –asegura– pueden propagarse de cerebro a cerebro, de un cerebro a un libro, de un libro a un cerebro, de un cerebro a un ordenador, de un ordenador a otro...”
La evolución memética acaba de comenzar y se manifiesta en los fenómenos que llamamos evolución cultural, enormemente más rápida que la evolución basada en el ADN.
¿Por qué no podemos pensar que algún día se produzca una sustitución? En esa línea, Dawkins especula con conceptos casi de ciencia-ficción: “¿Podría ocurrir que un día lejano unos ordenadores inteligentes especulen sobre sus propios orígenes perdidos? ¿Caerá alguno de ellos en la verdad herética de que provienen de una forma de vida remota, anterior, arraigada en la química -orgánica del carbono, en lugar de en los principios electrónicos basados en el silicio de sus propios cuerpos?”
Para Richard Dawkins, el darwinismo ha resuelto el misterio de la existencia, pero la humanidad aún no lo ha comprendido en toda su dimensión. “Es como si el cerebro humano –dice– estuviese diseñado específicamente para no entender el darwinismo o para encontrarlo muy difícil de creer.”
Además, “el darwinismo parece necesitar una defensa mayor que otras verdades establecidas de manera similar en otras ramas de la ciencia. Muchos de nosotros no comprendemos la teoría cuántica o las teorías de Einstein sobre la relatividad general y especial; sin embargo, no nos oponemos a ellas”. Pero todo el mundo cree comprender el darwinismo, aunque realmente poca gente lo entienda, “quizás porque la verdad, la explicación darwiniana de nuestra propia existencia, no forma parte todavía de los programas de educación”.
Dawkins demuestra una seguridad aplastante en sus convicciones, apoyadas por los descubrimientos que aportan la paleontología y la biología. Darwin escribió en El origen de las especies: “Si pudiese demostrarse que ha existido algún órgano que no hubiese podido formarse por una sucesión de ligeras modificaciones, mi teoría se vendría abajo”. Dawkins puede apostillar con tranquilidad: “Ciento veinticinco años después, sabemos mucho más sobre animales y plantas que Darwin, y todavía no conozco ningún caso de un órgano complejo que no hubiese podido ser formado por una sucesión de ligeras modificaciones, y no creo que llegue a encontrarse”. Su convicción llega al atrevimiento más sorprendente: “Si hay vida en otros mundos, habrá evolucionado según la selección natural darwiniana”.
Esta defensa a ultranza del evolucionismo le han convertido en un apasionado y bregado polemista. Las comunidades religiosas británicas se levantaron en pie de guerra cuando Dawkins despotricó contra el discurso “mítico-fabulístico pseudointelectual” que despide la teología. Para Dawkins, el libre albedrío o la espiritualidad no son más que conceptos que residen en la “profunda oscuridad de nuestros genes”. Memes, al fin y al cabo...
En el relojero ciego (Labor, 1988), Dawkins creó otro concepto nuevo que ha dado origen ideológico a toda una rama interdisciplinar de la ciencia: la vida artificial. Todo comenzó en 1984, cuando nuestro personaje escribió en su sencillo ordenador un programa que generaba estructuras arbóreas, algo así como fractales de troncos y ramas. “Cuando escribí el programa –recuerda Richard Dawkins–, nunca pensé que evolucionaría hacia algo más que una variedad de dibujos arboriformes.”
Pero el producto evolucionó: “Nada relacionado con mi intuición de biólogo, nada en mis veinte años de experiencia programando ordenadores y nada en mis sueños más salvajes me había preparado para ver lo que surgió en realidad de la pantalla. No puedo recordar exactamente en qué punto de la secuencia comencé a ver que era posible la evolución en la pantalla de algo parecido a un insecto”.
Del concepto vida artificial surge la idea para su último libro, River out of Eden (Basic Book, 1995), en el cual se adentra aún más en su teoría; es decir, en que “toda vida es, en esencia, un proceso de transferencia de información digital”. De hecho, insiste, “la información tecnológica de los -genes es digital”, aunque utiliza cuatro estados. “Hay poca diferencia, en principio, entre una tecnología informática binaria con dos estados, como la nuestra, y una tecnología informática con cuatro estados, como la de la célula viva”, concluye.
Richard Dawkins piensa que las cosas vivas son demasiado improbables y están demasiado bellamente diseñadas como para haber comenzado a existir por azar. ¿Cómo, pues? “La respuesta, la de Darwin –dice él–, es: mediante transformaciones graduales, paso a paso, a partir de unos orígenes elementales, de unas entidades primordiales lo suficientemente simples como para haber comenzado a existir espontáneamente. Cada cambio a lo largo de este proceso gradual evolutivo fue lo suficientemente simple, comparado con su predecesor, como para haberse producido por azar. Pero la secuencia completa de pasos acumulados constituye cualquier cosa menos un simple proceso alea-torio, si se considera la complejidad del producto final con relación al punto de partida. El proceso total está dirigido por una supervivencia que nada tiene de aleatoria.”
La religión, sin embargo, no sólo contempla una mente sabia que origina y organiza la existencia, sino que propone una finalidad teológica a la evolución, cuyo objetivo final podría ser nuestra especie. Para Dawkins, esa idea no es más que una absurda noción alimentada por la vanidad humana. “En la vida real –asegura–, el criterio selectivo es siempre a corto plazo: la simple supervivencia o, en términos más generales, el éxito en la reproducción.”
Salvador Hernáez
Esta entrevista fue publicada en enero de1997, en el número 188 de MUY Interesante
Me parecio Un articulo "Realmente Muy Interesante"
